A los sacerdotes, religiosos y fieles de la Arquidiócesis de Caracas
Comenzamos cada año con grandes anhelos de felicidad que corresponden a nuestra condición humana. En efecto: cada uno de nosotros ha sido creado por Dios nuestro Señor para ser felices. Para eso nos envió a Jesucristo, quien nos enseña que conseguiremos la felicidad si escuchamos y cumplimos su Palabra de Vida eterna (1). Esto significa que si queremos ser felices en este nuevo año y siempre, hemos de seguir a Jesús, Dios encarnado, autor y fuente de la verdadera y auténtica felicidad. Es decir: hemos de vivir con el corazón puesto en Dios nuestro Señor, y hemos de cumplir sus santos mandamientos, que son la vía segura para la felicidad en esta vida y en la vida eterna.
Luchar contra el pecado; luchar contra la violencia
Nuestros anhelos de felicidad se ven obstaculizados, sin embargo, por la presencia del mal en el mundo. El mal que es producto del pecado, de la impiedad, de la indiferencia religiosa, de la adoración del dinero; de una vida licenciosa, sin conciencia o límites morales y sin amor. Una expresión del mal es la agresividad del odio y la ira, que está latente en nuestros corazones.
[Ver
Mensaje Completo]